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La imagen, el hecho, la acción y lo que queda por hacer

CURADO POR
Nicole Brenez

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“Consagrarse a la más perfecta de todas las obras de arte, a la edificación de una verdadera libertad política[1]”: cumpliendo los ideales revolucionarios formulados por Friedrich Schiller, ciertos cineastas de vanguardia abandonaron el terreno de las imágenes para pasar directamente a la lucha armada, como Holger Meins, integrando la Fracción del Ejército Rojo alemana (cuyos miembros eran casi todos cineastas, o habían participado en films de una forma u otra) o Masao Adachi acompañando las actividades de los combatientes palestinos, filmando noticias de contrainformación, hoy perdidas. Otros cineastas o teóricos llevaron a cabo al mismo tiempo una actividad de revolucionario profesional y una práctica de cineasta, como Edouard de Laurot en los Estados Unidos o Masao Matsuda en Japón. Como lo recuerda la fórmula empleada por Jean-Luc Godard en los afiches de Film Socialisme, “la libertad cuesta caro”, y Masao Adachi pagó un precio muy elevado, el auténtico presupuesto para producir sus films tan liberadores como formalmente libres. En 1969, Adachi y sus camaradas crean una forma inédita: el ensayo documental experimental AKA. Serial Killer, prefiguración de Trop tôt/Trop tard (1982), de los Straub, que actualiza la “teoría del paisaje” desarrollada por Adachi y el crítico Masao Matsuda: “Todos los paisajes que vemos cotidianamente, y sobre todo los bellos paisajes reproducidos en postales, están fundamentalmente vinculados a una figura del poder dominante”. El minimalismo descriptivo y la simple puesta en escena de paisajes restituyen los trayectos de un joven salido del lumpenproletariat y convertido en criminal gracias a un arma robada en una base americana, que se convierte en argumentación polémica contra la organización política y urbana del Japón industrial. El Japón otrora imperial y desde ese momento aliado de los imperialistas vuelve loco y criminal, Japón es en sí mismo tóxico. Muy poco visto en su época, olvidado por décadas de clandestinidad de Adachi, AKA Serial Killer se impone poco a poco como uno de los ensayos más influyentes del cine contemporáneo: Thomas Jenkoe, con Souvenirs de la Géhenne, y Eric Baudelaire con Also Known As Jihadi, se inspiraron para dar cuenta, cada uno a su manera, de las injusticias candentes de su propio tiempo. Admiradores y amigos de Adachi, Eric Baudelaire y Philippe Grandrieux le consagran cada uno un retrato fílmico, dando fe de que las imágenes ocultas, prohibidas o destruidas se convierten siempre en las más preciosas y fértiles.
En 2010, Film Socialisme de Jean-Luc Godard se interroga sobre el naufragio de los ideales políticos en Europa, los mismos que, culminando bajo el nombre de marxismo-leninismo, habían conducido a Ulrike Meinhof, Masao Adachi o Michèle Firk a tomar las armas para luchar contra las dictaduras e imperialismos, a riesgo de dejar la vida en ello. En 2012, el Costa Concordia, que le había servido de foro alegórico a Jean-Luc Godard, zozobra delante de las cámaras de sus pasajeros y del mundo entero. En 2018, Film Catastrophe de Paul Grivas, acudiendo a Film Socialisme, reparte imágenes del desastre para revisitar la fábrica del cine.
En 1933, el poeta y realizador rumano Benjamin Fondane escribe:

Uno se puede escapar de cualquier prisión, incluso la mejor vigilada. Los cuatro o cinco escapados del cine, Chaplin, Stroheim, los hermanos Marx, atestiguan el excelente humor de ser libres y de la terrible angustia de ser reconocidos y reprendidos. Otros, en el transcurso de una larga detención, no se escapan más que una o dos veces, y son inmediatamente enjaulados: Murnau, Pabst, King Vidor con La Foule[2][…]

Jean-Luc Godard y Masao Adachi pertenecen a este puñado de cineastas que, no solo evaden de una vez por todas el cine de la dominación para nunca más retomarlo, sino que además, intrépidos, vuelven a tomar por asalto la prisión, haciendo estallar los gruesos muros, para liberar a sus camaradas aún detenidos y, al hacerlo, liberarnos a nosotros también, simples espectadores.

Nicole Brenez es profesora de Estudios de Cine en La Sorbonne, directora del Departamento de Análisis y Cultura en La Fémis desde 2017 y curadora de la serie de películas de vanguardia de la Cinemateca Francesa desde 1996. Con el cineasta Philippe Grandrieux, produjo la colección cinematográfica “Puede ser que la belleza haya reforzado nuestra resolución”, dedicada a cineastas revolucionarios olvidados o ignorados por la historia del cine.
Entre sus últimas publicaciones se encuentran Cinéma d’avant-garde Mode d’emploi (Tokio, Gendaishicho-shinsha Publishers, 2012); We support everything since the dawn of time that has struggled and still struggles; Introduction to Lettrist Cinema (Estocolmo, Moderna Museet/Sternberg Press, 2015); Jean-Luc Godard théoricien des images (Roma, La Camera Verde, 2015).